Salas de espera
Las consultas de los médicos de cabecera son sitios particulares, de atmósferas definidas y reglas no escritas de obligado cumplimiento. El rato de la espera hasta ser atendido dulcifica la dolencia física por la observación de todos y todo cuanto ocurre en esos compartimentos de sillas contiguas y enlazadas, de cuartos de baño sellados o a medio abrir, de solariums sin flores y sí con piedras – ¿inspiración zen para las dolencias psicosomáticas? ¿secarrales propios de esta tierra desértica?-.Miradas de soslayo para si te saludan tú saludar. Enfermeros de bata blanca que cruzan el estrecho pasillo con paso raudo ante cierta aglomeración de personas que prefieren esperar en el pasillo de las consultas no se sabe muy bien el porqué, ¿será porque las sillas antes mencionadas están las unas enfrente de las otras y esto provoca el pánico escénico de las miradas como si se tratará de la Cámara de los comunes inglesa?, ¿será porque los que están de pie junto a la puerta de la consulta son garantes como la guardia suiza vaticana de secretos irrevelables como la hora a la que cada cual tiene cita?, ¿y si llegas tarde, te jo… jorobas y te esperas para el último o asomas la cabecilla desde el pasillo y guiñas a tu médico para que él se haga cargo de que no has podido llegar antes?, ambas son malas soluciones, la primera de dejaría cara de sopla… gaitas, con la segunda te arriesgas a que la guardia suiza te fulmine de palabra o facto, con el asentimiento de la platea de las sillas de hierros e imitación de escay, siempre sedientos, como espectadores que han pagado su entrada y asiento con sus impuestos, de un poco de polémica para que reine la ortodoxia de los turnos y horarios. El título de Don al médico de turno que te hace recordar a los célebres Don Eduardo L., Don Adriano, Don Manuel A., Don José María L.A.. Las conversaciones entre las embarazadas sobre las correas, el tiempo de dilatación o aquello de “mujer legrá, mujer preñá”.
Diálogos tales como ” Pepa, esta salud mía es un asco, si no puedo comer chorizo, beber vino, fumar Ducados y de lo otro ya me retiré hace años, ¿qué co…demonios hago? ¿hacer maquetas de barcos de la 2ª guerra mundial todo el día? ¿ver a las ordinarias y a sus chulos de los programas del corazón? ” , “no te apures Torcuato, sal a pasear con tu Rosario y disfruta de los nietos” , “si es que están todo el día jugando con unas maquinillas que se llaman tdt o psp o no sé qué y no quieren que les enseñe el boli-troqui o como hacer arcos, flechines y dianas de la madera, están apo…lilas”, “a mí, Torcuato, lo que me gusta mucho es guisar, así vienen a verme con gusto, algunos días el Felipillo viene a comer y así me entretengo, le encantan las talbinas, las gachas y el arroz que hago con pollo, costillas y cuatro almejas y gambas, no como a su madre que comía menos que un colorín”, “y ahora las mocicas que van a unos sitios, el Napur jaus creo que se llama para dejar kilos y hasta pagan, con las hambres que hemos pasado, las ponía yo a coger lechugas aquí al lado en los llanos, Pepa, ya verías que pronto adelgazaban”, ” no me hables de lechugas, Cato, que mi nieta Encarnita como no quería estudiar la ha puesto mi yerno a trabajar este verano en las lechugas y del dolor de riñones que cogió, ella que nunca había trabajado, ahora está que se come los libros y hasta quiere hacerse maestra”, ” ahora los maestros viven bien, Pepa, no como en aquellos años en los que… ”
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La Lupa es una serie de artículos, reflexiones, comentarios, poemas y una columna de opinión por Ignacio Ferriz, que con anticipo a su publicación virtual, ve la luz del quiosco regularmente en el rotativo semanal