La Lupa

por Ignacio Ferriz

Archivos en el mes 09/08


Fotografías de la transición

Simultáneamente los escenarios de los teatros eran ocupados por las compañías de zarzuela y por nuevos grupos que adaptaban a García Lorca.
El panorama musical lo compartían sin solución de continuidad Mocedades y Lola Flores o Leño, Burning o Mecano; los cantautores -por algunos llamados “cansautores”- también pegaban fuerte.
En el fútbol los jugadores sentían como algo propio colores y escudo y en los álbumes de cromos Panini nos cambiábamos a Migueli por Marcial, a Breitner por Argote.
En los juegos olímpicos (Montreal o Moscú) España no llegaba a la media docena de medallas.Rodolfo Martín Villa, ministro del interior, se acomodaba sus gafas de lente grisácea, mientras que con gesto grave anunciaba atentados a guardias civiles.
Adolfo Suárez, presidente del gobierno, mostraba una sonrisa triste y reflexiva como pose de desplante hacia aquellos aliados que después lo dejarían solo.
Blas Piñar con sus dos escaños – creo recordar- en el congreso de los diputados, tenía aún una gran masa de correligionarios muchos de los cuales en los mítines vestían camisa azul y boina roja al hombro.
Manuel Fraga, estratega y conocedor del carácter hispano, ironizaba sobre la cesta de la compra y los garbanzos para explicarnos la inflación, afirmando aquel gancho electoral de “la calle es mía”.

Santiago Carrillo, secretario del P.C.E., con su perenne cigarrillo en la mano, ejercía como líder político usando la táctica de ora guante de seda, ora puño de hierro, dependiendo de si se trataba de temas de interés general para el estado o de cuestiones electorales respectivamente.
Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra, articulaban desde Francia y también desde España a un PSOE sin vocación de poder y si de oposición al principio y que después llevaría las riendas de este país más de una década y contribuiría a nuestra integración europea.

Juan Carlos de Borbón y Borbón al principio de la transición era visto con recelo tanto desde las esferas de poder como desde la calle. El 23 de febrero, cuando Tejero nos hizo sonrojar ante el mundo, con algún ruido de sables erectos de fondo, se ganó definitivamente la confianza de la mayoría de los españoles, siendo con el decurso de los años un rey bastante republicano, no a la española sino a la francesa.

Y mientras Tierno Galván miraba de soslayo el pecho desnudo de Susana Estrada se aprobaba la ley del divorcio, que contribuyó a la emancipación de la mujer después de décadas en las que muchas de ellas habían aguantado carros y carretas.

En las pantallas de cine ponían ” La trastienda”, donde la Cantudo mostraba sus encantos íntegramente, el actor que encarnaba a Superman ignoraba su fatal destino y nos seguía gustando ir a las butacas de skay rojo del cine de la plaza a ver spaguetti-westerns, pelis de romanos y clásicos de terror.
ignacioferriz@hotmail.com

Paquillo, oro en valor y valores

El gran día de la carrera todos los accitanos soñábamos con un Paquillo Fernández campeón olímpico, no pudo ser, pero las sensaciones que me dejo la carrera y las posteriores entrevistas a nuestro paisano me enorgullecieron casi tanto como si hubiera tocado metal.

Me explico. En el fuero interno de Paquillo estaba el oro; seguro que no pocas noches había soñado con él. Tenía y tiene como entrenador al mejor marchador de todos los tiempos. En todas las quinielas de opinión pública, compañeros de expedición y medios de prensa su apuesta era segura para lograr el dorado, argentado o broncíneo galardón. Todo apuntaba a que iba a ser un gran día ante las 90.000 personas del “nido”.

No obstante Francisco Fernández sabía consciente e inconscientemente que la prueba no iba a ser fácil, que hay muchos marchadores a nivel mundial que podían disputarle la victoria, pero aún así la apuesta era doble o nada; el revólver de una ruleta rusa -nunca mejor dicho, por el rubio campeón-. La prueba fue de un nivel de exigencia superlativo.

Paquillo ejerció un falso dominio en la carrera hasta que llegó el momento de la verdad, hasta entonces esas previsiones suyas en diferido que solapaban la transmisión se estaban cumpliendo a la perfección, pero en la parte definitiva de la carrera no fue buen augur: ” ahí estaré jugándome el oro “.
El ruso Borchin era de otro planeta. El ecuatoriano indomable -mascarilla de oxígeno al final de la prueba- Jefferson, encomendado a dioses mestizos, siempre se la juega a morir para insuflar orgullo y alegría a la diáspora de temporeros y albañiles que las pasan putas para llegar a fin de mes en España y además mandar unos cuartos a Ecuador. El australiano Tallent era el tapado. El chino Hao había salido del laboratorio estatal y fue a reventar en esta prueba disputada en su país, esta era su apuesta única, no creo que tenga dos olimpiadas en sus piernas. Brugnetti hizo una gran carrera, es peor atleta que Paquillo pero psicológicamente más fuerte en las olimpiadas. Adams, el otro australiano, aprovechó su buen día y el mal día de Paquillo.

Me llamaron la atención las palabras de Paquillo tras la prueba. Esa sabiduría de su media sonrisa que indicaba lo que los sufridos accitanos sabemos tan bien: “al mal tiempo buena cara”, el honor y la lealtad a la hora de agradecer a su familia, a Guadix y sobretodo a Montse -compañera del desaparecido Manuel Alcalde- su apoyo incondicional y su promesa, que lo hace un atleta de casta, de seguir buscando el oro en las siguientes olimpiadas.

Los grandes hombres y mujeres se miden en la derrota, lo que de verdad tiene mérito es caerse para posteriormente levantarse y ganarle el pulso a la decepción, por eso Paquillo me pareció un hombre sabio y curtido cuando reconoció, con los ojos de la incredulidad del favorito que ha perdido por K.O. pero sonrisa de futuro ganador del oro olímpico, que el suyo es un camino sólo de ida y sin retorno, una huida hacia delante, hacia el oro. Creo que se prepara un merecido homenaje a Paquillo Fernández. Yo estaré allí.
ignacioferriz@hotmail.com

LA ENVIADA

Mi vida descosida,
un acerico el corazón
y la aguja en la reserva,
apareciste,
te acercaste
en medidos movimientos de tai chi
sin que me diera cuenta
de que por mimetismo
yo bailaría tu danza
y la canción Moondance
sería la profecía.

Lamiste mis heridas
con mercromina mágica,
tus besos fueron cánnabis,
nos hicieron reír
instalándonos
en un oasis de certeza
y visiones tangibles.

Y mientras tanto afuera
cae el granizo de siempre
y la ruleta apunta
dirección a Babel;
tu y yo nos refugiamos,
abrazados, descalzos, inmóviles y ajenos,
en el jardín del Tiempo,
solarium,
donde las dudas son hoja caduca
al sortilegio de tus ojos
cálidos, verdísimos y egipcios,
y a la Armonía
que, en tu cuerpo gentil,
la savia de tu alma,
ha dado en el centro del blanco de su diana.