Opositores
Preparar unas oposiciones es como una travesía a solas por el desierto a merced de vientos y lluvia, de sol y cansancio.
Tal vez las oposiciones sean el sistema de elección menos malo para ubicar a las personas en determinados puestos, aunque con absoluta seguridad gente apta se queda por el camino al no poder soportar la presión de una preparación y constancia de tal envergadura, es la soledad del corredor de fondo en una maratón.
Siguiendo con los símiles deportivos, que le van como anillo al dedo a los opositores, creo que el más acertado es el del boxeador que durante un combate a veces siente la tentación de tirar la toalla o que tras besar la lona se levanta espoleado por la adrenalina y el orgullo y sigue luchando para ganar por K.O. (conseguir la plaza) o ganar por puntos (ser interino); lo malo de las oposiciones es que como en la mili el valor se les supone a todos y entonces hay que echar mano de otras virtudes que nada tienen que ver con la testiculina, como la constancia, el rigor, la calma, la concentración y grandes dosis de rabillos de pasas.
Las anécdotas de los opositores tanto en la preparación como en los exámenes darían para escribir un libro –lo mismo un día decido hacerlo y me forro- tocando temas como aquella práctica tan cañí y tan nuestra de las recomendaciones en enchufes de alto voltaje, las inverosímiles reglas nemotécnicas de memorización, las historias anónimas de tantas personas que apostaron por las oposiciones en una huida hacia delante que duró más de una década o las sonrisas y lágrimas precedidas de nervios el día del examen, de la exposición ante el tribunal – en el argot “encerrona”- o de los resultados.
Y es que esto de las oposiciones es como el examen de selectividad, el del coche, las ecuaciones matemáticas o los reyes godos pero multiplicado por setenta veces siete.
Eso si, quien aprueba ya puede esbozar una amplia sonrisa profidén y sentirse como un gladiador magullado pero triunfante o una espía que cambió el rumbo de la guerra fría de su hipoteca. ¿Tendrían razón nuestros abuelos y padres? cuando decían aquello de “hijo mío hazte funcionario, un sueldecico pá tó la vida”
Suerte para todos los opositores y opositoras, que dios reparta suerte y que gane el mejor o acaso el que más lo necesite, para los que no lo consigan siempre hay otra oportunidad o un cruce de caminos cuya nueva senda puede ser más propicia o venturosa.
La Lupa es una serie de artículos, reflexiones, comentarios, poemas y una columna de opinión por Ignacio Ferriz, que con anticipo a su publicación virtual, ve la luz del quiosco regularmente en el rotativo semanal