La Lupa

por Ignacio Ferriz

Archivos en el mes 07/08


Opositores

Preparar unas oposiciones es como una travesía a solas por el desierto a merced de vientos y lluvia, de sol y cansancio.

Tal vez las oposiciones sean el sistema de elección menos malo para ubicar a las personas en determinados puestos, aunque con absoluta seguridad gente apta se queda por el camino al no poder soportar la presión de una preparación y constancia de tal envergadura, es la soledad del corredor de fondo en una maratón.

Siguiendo con los símiles deportivos, que le van como anillo al dedo a los opositores, creo que el más acertado es el del boxeador que durante un combate a veces siente la tentación de tirar la toalla o que tras besar la lona se levanta espoleado por la adrenalina y el orgullo y sigue luchando para ganar por K.O. (conseguir la plaza) o ganar por puntos (ser interino); lo malo de las oposiciones es que como en la mili el valor se les supone  a todos y entonces hay que echar mano de otras virtudes que nada tienen que ver con la testiculina, como la constancia, el rigor, la calma, la concentración y grandes dosis de rabillos de pasas.

Las anécdotas de los opositores tanto en la preparación como en los exámenes darían para escribir un libro –lo mismo un día decido hacerlo y me forro- tocando temas como aquella práctica tan cañí y tan nuestra de las recomendaciones en enchufes de alto voltaje, las inverosímiles reglas nemotécnicas de memorización, las historias anónimas de tantas personas que apostaron por las oposiciones en una huida hacia delante que duró más de una década o las sonrisas y lágrimas precedidas de nervios el día del examen, de la exposición ante el tribunal – en el argot “encerrona”- o de los resultados.
Y es que esto de las oposiciones es como el examen de selectividad, el del coche, las ecuaciones matemáticas o los reyes godos pero multiplicado por setenta veces siete.

Eso si, quien aprueba ya puede esbozar una amplia sonrisa profidén y sentirse como un gladiador magullado pero triunfante o una espía que cambió el rumbo de la guerra fría de su hipoteca. ¿Tendrían razón nuestros abuelos y padres? cuando decían aquello de “hijo mío hazte funcionario, un sueldecico pá tó la vida”

Suerte para todos los opositores y opositoras, que dios reparta suerte y que gane el mejor o acaso el que más lo necesite, para los que no lo consigan siempre hay otra oportunidad o un cruce de caminos cuya nueva senda puede ser más propicia o venturosa.

Universo Infantil

Los que acaban de nacer, los que aún no están marcados por las convenciones sociales, los que esperan la tradición oral del cuento cada anochecer y que cuando los abrazas, con su boca manchada de leche materna o ya con dos o tres años de papilla de lentejas, te dejan el tatuaje alimentario que en el hombro de tu camisa luces con orgullo.

Los niños son la reserva sentimental e inocente de nuestra  vida, aquellos que nos hacen ver en un espejo limpio como los  mayores ya nunca encontraremos el eslabón perdido que llevaba a la alegría innata, a la espontaneidad o las miguitas de pan comidas por los pájaros que hacen imposible nuestro regreso a la casa del pecho cálido de nuestra madre o las manos seguras y protectoras de nuestro padre.

Cuando son bebés son tan graciosos, con esa desdentada sonrisa que responde a los estímulos de tu tono de voz o a la caricia en su barbilla, con esas prendas inverosímiles por pequeñas y ese ceño fruncido que no sabes si es por los gases o que ya intuyen que la vida no será fácil. Otra experiencia novedosa para un padre es cuando por primera vez cambia el pañal a su hijo bajo la atenta mirada de la madre que supervisa la tarea en tu falta de destreza.

¿Qué sería de este mundo sin las madres? Ellas saben todo, tienen ese sexto sentido para intuir si algo no va bien en el aparato digestivo, circulatorio, respiratorio o en el estado anímico de los nenes, rara vez su diagnóstico es refutado por el pediatra. Es cierto aquello de que las niñas son “padreras” pero siempre es la madre la que está alerta a todas horas… unas cardan la lana y otros se llevan la fama.

Por mi trabajo de docente he tenido la oportunidad de conocer a cientos de madres y debo decir que a menudo me emociono viendo ese lazo filial y animal que existe entre madre e hijo, como la progenitora prepara el territorio para transformar las rampas en pendientes, el vinagre en ungüento, los malos momentos en lecciones y segundas oportunidades para sus hijos a los que parieron y que son una prolongación de sus entrañas y de aquello que llaman alma.

Qué importante es que los hijos crezcan anímicamente sanos, ajenos a las escafandras que los mayores usamos para esquivar nuestros miedos y determinismos; que tengan una socialización sana, sin modismos de tramoya peligrosa; que vivan en atmósferas tolerantes para que sean decididos y auténticos y contribuyan así a un mundo cada vez mejor, más libre.

Malditos sean mil veces los que hacen daño a los niños o los explotan y dignos de pena aquellos que todavía no se han dado cuenta de que ni todo el oro del mundo, ni todas las catedrales y maravillas naturales del planeta son más importantes que la vida y felicidad de los niños, porque nada hay tan bello como observar como un recién nacido sonríe, como más tarde empieza a andar y a hablar y sobretodo a discurrir, ahí empiezas a constatar si estás haciendo bien tu labor de padre, tía, abuelo, de ser humano.

Tengo en casa un cargador de pilas para mi transistor, lo que pasa es que es algo lento,
en cambio las pilas de mi corazón se cargan de manera instantánea y duran 24 horas con el abrazo y el beso simultáneo de mi zagalica, ¿a ti te pasa lo mismo?

Sabores

A estas alturas ya nadie discute que la gastronomía es una forma de cultura que nos acerca a través del paladar a cada país, región, pueblo u hogar. Hagamos un recorrido por algo tan cercano a nosotros como la comida cuando esta es tratada con esmero, cariño y enjundia.

Es de apreciar la cocina tradicional de nuestra zona porque con ingredientes pobres se consiguen suculentas recetas. Las migas de pan es un buen ejemplo de ello, un buen perol de migas en las que el aceite preliminar toma esa dimensión tan peculiar aromatizado por el ajo, acompañaremos éstas con tocineta, sardinas y pimientos de Guadix fritos y las regaremos con este vino de la zona, de Guadix a Darro, de Benalúa a Graena, de Lugros a Ferreira, que, como sus gentes, es rotundo y de una embriaguez que ausculta nuestro interior.

Y ya que hablamos del vino hablemos también del pan para que la comunión culinaria sea completa, el exquisito pan de nuestras tahonas, en mi vida mi familia ha gozado de la atención de dos panaderías (la familia Pérez López y la Artesana) a los que nunca estaré lo suficientemente agradecido por la calidad y el estilo de su pan, y como el sabio que no cambia París por su aldea, sigo cenado tres o cuatro noches por semana bocadillos con este pan y jamón de Charches, Trevélez o Hijate, chorizo Hermanos Pleguezuelos, Fifo o del Valle del Zalabí, salchichón de Gor o salchicha de pimienta de las matanzas.

No podemos olvidar tampoco las gachas y las talbinas. Recuerdo cuando en días de nieve en casa de mi abuela Luisa nos juntábamos la familia para dar cuenta de unas gachas con harina de maíz en su cuenco de barro, ese enorme embalse circular en miniatura con un caliente caldo rojizo tan humilde como agradecido, con pimiento rojo tostado machacado o las talbinas con ese magma de harina hirviendo y con los dados de pan frito y la miel de caña de Motril, en ambos casos el postre es obvio: carbonato… o si acaso anís de Diezma. Ya metidos en harina cabría citar los andrajos también llamados tallarines, jaleo o ropa vieja o la vieja diatriba de sin son la misma cosa o no.

Y esas deliciosas comidas de los días de entre semana como las lentejas con calabaza con una banderilla de encurtidos de prólogo o epílogo. Las habichuelas con chorizo y acelgas dejando para el final la exquisita pulpa del pimiento rojo. El cocido en todas sus formas a la hora de ser servido, por ejemplo sin caldo, aliñado entonces con el oro líquido del olivo, pimienta recién molida y chorreón de vinagre o con su caldico y pringue, no exenta de morcilla, añadiendo además col. El potaje de garbanzos con un buen bacalao comprado donde todos sabemos con huevo duro y acaso espinacas o tal vez mi favorito, el potaje de habas, cuya magia radica en la ausencia de sofrito y la fisión más allá de la fusión de los humildes ingredientes que en su cocción y amalgama de sabores hace que todo sepa pero nada destaque.

El postre de este artículo podría estar compuesto de boniatos en almíbar con canela en rama, carne de membrillo casera con requesón o natillas con bizcochos de soletilla.

Para acabar, algo parecido a un silogismo, si el humor es una forma elevada de amor, las manos de quien guisa para ti ¿qué son?…¿acaso ángeles?…