Fin de curso
Ha terminado un nuevo año escolar para los estudiantes de E.S.O.
y Bachillerato, según los resultados, sonrisas y lágrimas, playa o academia, celebraciones o lamentos, siempre ha sido y será así en esta incierta etapa de la vida de la pubertad, de la adolescencia.
Cuantas veces hemos todos pensado que lo ideal sería “descumplir”
años: nacer con 85 abriles y toda la experiencia que conllevan las canas y que nuestra colección de almanaques decreciera y el final de nuestra existencia fuese el momento previo al nacer -como cuando el “speaker” de la NASA declama aquello de 3,2,1,0-.
En este caso, en el penúltimo estadio de la vida, que sería la juventud, todos estaríamos dotados de unas vivencias que nos harían ser buenos estudiantes ya que sabríamos por experiencia propia y ajena que las bondades “socioeconomicolaboralesanímicas”
que acompañan a los graduados, diplomados, licenciados, catedráticos o doctores son algo sólido en lo que apoyarse, si no para ser feliz por lo menos para quitar los nervios, como dicen los chinos.
El 80 por ciento de los estudiantes tienen un coeficiente de aptitud intelectual parecido, ¿porqué entonces unos consiguen estudiar e ir aprobando sus cursos de manera más o menos eficiente y otros no?, la respuesta, que duda cabe, no es sencilla ni simple, es compleja y admite distintos puntos de vista y opiniones, reflexionemos entonces.
Está claro que la sociedad vertiginosa en la que vivimos y aquello del “tanto tienes tanto vales” no ayuda a los chicos a discernir
entre esencia y ganga, entre lo aconsejable y lo innecesario (pregunta a un chico o chica si prefieren una moto o todo el material didáctico en DVD o enciclopedia que necesitarán a lo largo de su vida y ya me contarás que responden).
Otro apunte, los dos grandes partidos con vocación de detentar el poder deberían consensuar planes educativos a largo plazo, con la participación de los otros partidos políticos y sobretodo especialistas en el ámbito de la educación: maestros, profesores, pedagogos, orientadores, etc. De esta manera un proyecto como el de la E.S.O., que en su espíritu podía ser positivo no se habría embarullado y encanallado tanto para profesores como para alumnos con la lógica preocupación de los padres.
Muchas veces el rendimiento de los alumnos depende del estado de ánimo con el que afrontan las distintas asignaturas, cabe mencionar al respecto que si el número de alumnos por aula fuese menos numeroso los resultados serían más positivos, la dotación técnica y tecnológica del aula también es un factor a tener en cuenta.
Hay que saber estimular el interés y el sentido crítico del alumnado reconociendo y premiando el esfuerzo más que el talento -que es algo innato- y potenciando la inventiva a la hora de enseñar, ejemplo: si un profesor de historia tiene que explicar la transición política española ¿sería tan difícil echar mano de los 80 documentales que existen y afrontan este periodo histórico? o si se estudia cualquier personaje histórico o científico relevante seguro que se puede ilustrar poniendo una película sobre el mismo.
También proponiendo debates en clase sobre temas cruciales o llevando a los chicos a sitios de interés más a menudo.
Es también fundamental aumentar el número de psicólogos orientadores en escuelas e institutos para aconsejar a los chicos según sus potencialidades y ayudar a soldar las numerosas crisis que se presentan en estas edades y que a veces escapan al control de los padres, aún a sabiendas de que el espacio familiar es, sin duda, el más importante para el sano crecimiento y formación de nuestros jóvenes.
En resumen, todos debemos ayudar a los chicos a que sean lo que ya son dentro de sí, que no se pierdan por caminos secundarios pedregosos o peligrosos, ayudarlos a llegar a meta, cada uno a la suya.
La Lupa es una serie de artículos, reflexiones, comentarios, poemas y una columna de opinión por Ignacio Ferriz, que con anticipo a su publicación virtual, ve la luz del quiosco regularmente en el rotativo semanal