La Lupa

por Ignacio Ferriz

Archivos en el mes 06/07


Fin de curso

Ha terminado un nuevo año escolar para los estudiantes de E.S.O.

y Bachillerato, según los resultados, sonrisas y lágrimas, playa o academia, celebraciones o lamentos, siempre ha sido y será así en esta incierta etapa de la vida de la pubertad, de la adolescencia.

Cuantas veces hemos todos pensado que lo ideal sería “descumplir”

años: nacer con 85 abriles y toda la experiencia que conllevan las canas y que nuestra colección de almanaques decreciera y el final de nuestra existencia fuese el momento previo al nacer -como cuando el “speaker” de la NASA declama aquello de 3,2,1,0-.

En este caso, en el penúltimo estadio de la vida, que sería la juventud, todos estaríamos dotados de unas vivencias que nos harían ser buenos estudiantes ya que sabríamos por experiencia propia y ajena que las bondades “socioeconomicolaboralesanímicas”

que acompañan a los graduados, diplomados, licenciados, catedráticos o doctores son algo sólido en lo que apoyarse, si no para ser feliz por lo menos para quitar los nervios, como dicen los chinos.

El 80 por ciento de los estudiantes tienen un coeficiente de aptitud intelectual parecido, ¿porqué entonces unos consiguen estudiar e ir aprobando sus cursos de manera más o menos eficiente y otros no?, la respuesta, que duda cabe, no es sencilla ni simple, es compleja y admite distintos puntos de vista y opiniones, reflexionemos entonces.

Está claro que la sociedad vertiginosa en la que vivimos y aquello del “tanto tienes tanto vales” no ayuda a los chicos a discernir

entre esencia y ganga, entre lo aconsejable y lo innecesario (pregunta a un chico o chica si prefieren una moto o todo el material didáctico en DVD o enciclopedia que necesitarán a lo largo de su vida y ya me contarás que responden).

Otro apunte, los dos grandes partidos con vocación de detentar el poder deberían consensuar planes educativos a largo plazo, con la participación de los otros partidos políticos y sobretodo especialistas en el ámbito de la educación: maestros, profesores, pedagogos, orientadores, etc. De esta manera un proyecto como el de la E.S.O., que en su espíritu podía ser positivo no se habría embarullado y encanallado tanto para profesores como para alumnos con la lógica preocupación de los padres.

Muchas veces el rendimiento de los alumnos depende del estado de ánimo con el que afrontan las distintas asignaturas, cabe mencionar al respecto que si el número de alumnos por aula fuese menos numeroso los resultados serían más positivos, la dotación técnica y tecnológica del aula también es un factor a tener en cuenta.

Hay que saber estimular el interés y el sentido crítico del alumnado reconociendo y premiando el esfuerzo más que el talento -que es algo innato- y potenciando la inventiva a la hora de enseñar, ejemplo: si un profesor de historia tiene que explicar la transición política española ¿sería tan difícil echar mano de los 80 documentales que existen y afrontan este periodo histórico? o si se estudia cualquier personaje histórico o científico relevante seguro que se puede ilustrar poniendo una película sobre el mismo.

También proponiendo debates en clase sobre temas cruciales o llevando a los chicos a sitios de interés más a menudo.

Es también fundamental aumentar el número de psicólogos orientadores en escuelas e institutos para aconsejar a los chicos según sus potencialidades y ayudar a soldar las numerosas crisis que se presentan en estas edades y que a veces escapan al control de los padres, aún a sabiendas de que el espacio familiar es, sin duda, el más importante para el sano crecimiento y formación de nuestros jóvenes.

En resumen, todos debemos ayudar a los chicos a que sean lo que ya son dentro de sí, que no se pierdan por caminos secundarios pedregosos o peligrosos, ayudarlos a llegar a meta, cada uno a la suya.

Homosexuales

Es tan absurdo el título de este artículo porque en pleno siglo XXI no haría falta abordar este tema de la manera siguiente, señal de que la situación de estas personas, que gozan de una sexualidad en porcentaje minoritaria con respecto a la de los que somos heterosexuales, se habría normalizado y habría dejado de ser un tabú, pero desgraciadamente en muchos marcos y ámbitos esto todavía no es así, prima más la tendencia sexual de estas personas que sus valores humanos o su personalidad en sí.

Los homosexuales son personas que han sigo castigadas durante años al silencio o al desprecio social, sometidas al escarnio en chistes de taberna o de televisión y que han sufrido en muchos casos trastornos psicológicos por su exclusión social, en otras décadas incluso alentada por poderes como la dictadura franquista o la iglesia, no solamente la católica.

Otro día hablaremos de los siglos y en especial de las últimas décadas en nuestro país o ciudad en los que la mujer ha sido postergada a un segundo plano por una sociedad machista, si eres mujer y tienes más de 50 años sabes bien de lo que hablo, si eres mujer y has estado relegada a una subordinación al hombre toda tu vida, imagina entonces que peor aún lo han tenido que pasar las personas homosexuales, invisibles por escondidos, traumatizados desde la niñez, pensando los progenitores que aquello era un castigo divino o una perversión de la naturaleza, encerrándose en recintos acotados de índole no solo externa -su casa- sino interna -su mente- o llevando una doble vida sin poder hablar en libertad de sus anécdotas de pareja, como todos hacemos, o de darse la mano por la calle, sin que algún curioso vuelva la cabeza.

Si hacemos un juicio sobre alguien debemos ser cuidadosos ya que hoy en día los bien nacidos y medianamente educados nunca llamarían maricón o bollera a Federico García Lorca, a Gloria Fuertes, a Grande-Marlaska, a Alejandro Magno, a Julio Cesar, a Oscar Wilde, a Leonard Bernstein, a Edith Piaf, a Botticelli,a Leonardo Da Vinci, a Martina Navratilova, etc. ni por supuesto tampoco al vecino/a de arriba, estaría bien que un día juzgáramos lo que hace cada cual en su entorno para mejorar el futuro imperfecto de este mundo en lugar de ser la voz ominosa del que espía bajo un colchón.

Además para los que no somos muy amantes de las banderas cabe decir que, sin duda, la arco iris es la mejor ética y estéticamente, caben todos los colores.

Quijote y Sancho accitano

“Memorias y andanzas de un currante accitano” es un libro escrito por Francisco Parra Garrido, la secuela de “Mi cesta de mimbre” donde ya describía avatares de su vida con una sensibilidad, tino y veracidad que hacen que también en este libro, actualmente en las librerías, lo humilde de su escritura no sea óbice para disfrutar de estas 150 páginas en las que, a la vez que cuenta sus memorias, va describiendo el Guadix y la España de los años 40 y cuyo recorrido llega a finales de los 70.

Esta autobiografía cuenta, sin faltar a nadie, ese sistema humano casi de castas de aquella época de la posguerra española, cómo era el día a día en los puntos neurálgicos de nuestro Guadix, lo mal que lo pasaban para sobrevivir las clases más humildes, la falta de servicios, la escasa asistencia sanitaria, como con frecuencia en las familias numerosas había algún miembro que moría a corta edad o la emigración a Cataluña.

No es este un libro triste sin embargo ya que entre tantos paisajes misérrimos también encontramos la alegría de vivir de tantas gentes que no se planteaban cuestiones filosóficas que ha traído el bienestar como la felicidad o la calidad de vida, ni estaba tan extendida esa enfermedad llamada depresión, antes melancolía. Las personas de entonces gozaban de placeres más sencillos, quién sabe si más verdaderos, como el goce colectivo de las tradiciones locales, el respeto a ciertos códigos de cortesía u honor, reuniones familiares numerosas de yantar y charla o un contacto con la naturaleza que ahuyentaba esta vida sedentaria de hoy.

Francisco Parra describe con singular sapiencia lo atinente al gremio de la hostelería, concretamente, al mundo de los hostales, tabernas, bodegas, bares y cantinas de aquella época en la que fue durante varios lustros ayudante, camarero, barman o metre de distintos negocios como las Bodegas Castañeda, el Canario, el Mulhacen o el Parrita -que aún lleva su apellido-.

También describe de manera gráfica como era la mili en aquellos años, en ambientes que a veces pasaban la barrera de lo viril a lo hostil por parte de los mandos o de los propios reclutas pero donde, tal vez por esto mismo, también se fomentaba la camaradería de éstos y la añoranza de la tierra uniéndose los andaluces como una piña.

Nos habla también de las condiciones en las que muchos emigrantes marchaban a Barcelona y como fueron recibidos por el pueblo catalán, al principio de manera recelosa pero después se produjo un maridaje que aniquiló los prejuicios tanto de catalanes como de andaluces y su conocimiento fomentó el respeto y admiración entre ambos.

Personajes importantes de la política en aquel periodo, actores y directores de cine, flamencos célebres, pasando por personas relevantes o conocidas de Guadix aparecen por

estas páginas narradas en primera persona y que tienen como epílogo una curiosísima relación de unos mil motes y apodos de personas y personajes accitanos, fruto de la observación, perseverancia y trabajo desde su puesto de celador del antiguo ambulatorio.

En estas páginas podemos ver que Francisco es un fajador del ring de la vida, un jugador de ajedrez al que la existencia al nacer dio piezas negras pero ganó la partida.

Decía Antonio Machado, por aquella época en la que empieza la narración de las vivencias del libro de nuestro paisano, algo así como que ” de diez cabezas nueve embisten y una piensa “, si leéis este libro comprobareis que es así y que la de Francisco Parra Garrido es una de las que piensan, eso si, sin dejar de soñar.