La Lupa

por Ignacio Ferriz

Paquillo, oro en valor y valores

El gran día de la carrera todos los accitanos soñábamos con un Paquillo Fernández campeón olímpico, no pudo ser, pero las sensaciones que me dejo la carrera y las posteriores entrevistas a nuestro paisano me enorgullecieron casi tanto como si hubiera tocado metal.

Me explico. En el fuero interno de Paquillo estaba el oro; seguro que no pocas noches había soñado con él. Tenía y tiene como entrenador al mejor marchador de todos los tiempos. En todas las quinielas de opinión pública, compañeros de expedición y medios de prensa su apuesta era segura para lograr el dorado, argentado o broncíneo galardón. Todo apuntaba a que iba a ser un gran día ante las 90.000 personas del “nido”.

No obstante Francisco Fernández sabía consciente e inconscientemente que la prueba no iba a ser fácil, que hay muchos marchadores a nivel mundial que podían disputarle la victoria, pero aún así la apuesta era doble o nada; el revólver de una ruleta rusa -nunca mejor dicho, por el rubio campeón-. La prueba fue de un nivel de exigencia superlativo.

Paquillo ejerció un falso dominio en la carrera hasta que llegó el momento de la verdad, hasta entonces esas previsiones suyas en diferido que solapaban la transmisión se estaban cumpliendo a la perfección, pero en la parte definitiva de la carrera no fue buen augur: ” ahí estaré jugándome el oro “.
El ruso Borchin era de otro planeta. El ecuatoriano indomable -mascarilla de oxígeno al final de la prueba- Jefferson, encomendado a dioses mestizos, siempre se la juega a morir para insuflar orgullo y alegría a la diáspora de temporeros y albañiles que las pasan putas para llegar a fin de mes en España y además mandar unos cuartos a Ecuador. El australiano Tallent era el tapado. El chino Hao había salido del laboratorio estatal y fue a reventar en esta prueba disputada en su país, esta era su apuesta única, no creo que tenga dos olimpiadas en sus piernas. Brugnetti hizo una gran carrera, es peor atleta que Paquillo pero psicológicamente más fuerte en las olimpiadas. Adams, el otro australiano, aprovechó su buen día y el mal día de Paquillo.

Me llamaron la atención las palabras de Paquillo tras la prueba. Esa sabiduría de su media sonrisa que indicaba lo que los sufridos accitanos sabemos tan bien: “al mal tiempo buena cara”, el honor y la lealtad a la hora de agradecer a su familia, a Guadix y sobretodo a Montse -compañera del desaparecido Manuel Alcalde- su apoyo incondicional y su promesa, que lo hace un atleta de casta, de seguir buscando el oro en las siguientes olimpiadas.

Los grandes hombres y mujeres se miden en la derrota, lo que de verdad tiene mérito es caerse para posteriormente levantarse y ganarle el pulso a la decepción, por eso Paquillo me pareció un hombre sabio y curtido cuando reconoció, con los ojos de la incredulidad del favorito que ha perdido por K.O. pero sonrisa de futuro ganador del oro olímpico, que el suyo es un camino sólo de ida y sin retorno, una huida hacia delante, hacia el oro. Creo que se prepara un merecido homenaje a Paquillo Fernández. Yo estaré allí.
ignacioferriz@hotmail.com

LA ENVIADA

Mi vida descosida,
un acerico el corazón
y la aguja en la reserva,
apareciste,
te acercaste
en medidos movimientos de tai chi
sin que me diera cuenta
de que por mimetismo
yo bailaría tu danza
y la canción Moondance
sería la profecía.

Lamiste mis heridas
con mercromina mágica,
tus besos fueron cánnabis,
nos hicieron reír
instalándonos
en un oasis de certeza
y visiones tangibles.

Y mientras tanto afuera
cae el granizo de siempre
y la ruleta apunta
dirección a Babel;
tu y yo nos refugiamos,
abrazados, descalzos, inmóviles y ajenos,
en el jardín del Tiempo,
solarium,
donde las dudas son hoja caduca
al sortilegio de tus ojos
cálidos, verdísimos y egipcios,
y a la Armonía
que, en tu cuerpo gentil,
la savia de tu alma,
ha dado en el centro del blanco de su diana.

VERANO EN GUADIX, BIENVENIDOS PAISANOS

Estimo que hay más accitanos que viven fuera de Guadix que dentro. Muchos de ellos aprovechan este mes de agosto para regresar a la comarca, para mí ese es el momento grande y emotivo del verano, ver caras que hace tanto tiempo que no ves. Rememorar el rostro de ese amigo con el que echaste los dientes en las placetas. El compañero con el que en tu adolescencia estudiaste pupitre con pupitre. Espiar benignamente tras tus gafas de sol a aquella muchacha que tanto te gustaba en tu juventud pero a la que nunca te atreviste a hablar.Tanta nostalgia en sus ojos cuando vuelven de Roquetas, de Alicante, de Berna y de “Barna”, de Munich y Mallorca, de Lyon o Madrid. Escudriñan con imposibles bolas de leer el futuro como habría sido éste en Guadix de haberse podido o querido quedar. En el fondo saben bien que su apuesta de marcharse fue buena o inevitable, aquí no había trabajo para todos o muchos vital, laboral o económicamente querían volar más alto.

Los accitanos que no viven en Guadix son la otra cara de la moneda colectiva y humana de este pueblo, porque los que sí vivimos aquí de manera permanente siempre nos hemos preguntado en un ejercicio saludable de imaginación qué hubiese ocurrido si los moradores permanentes de Guadix fuéramos los que viviésemos fuera, qué carambolas nos hubiese preparado el destino o el azar. Los que viven fuera de la hoya se preguntarán lo mismo “¿qué habría pasado si me hubiese quedado a vivir en Guadix?”

Algunos cuando se jubilan vuelven a Guadix para quedarse, los más, no obstante, ya permanecen en el lugar donde han vivido, cerca de hijos y nietos, pero se percibe una vibración tan especial cuando pasean por las callejuelas guadijeñas. Cuando alguien rememora la “pedrá” que se llevó de un niño de otro barrio y que le hizo una “porraura” en la coronilla. El colegio donde aprendió la magia del saber y la pertenencia al clan Cato. La luminaria en la que fumó el primer pitillo mientras Guadix “quemaba las barbas al santo”. El murete del Paseo donde dio el primer beso. La verbena con pasodobles o música de Los Brincos. La feria con su carrusel de luces, sus onduladas y crujientes patatas fritas recién hechas y sus exquisitos pinchos. La “guantá” que se llevó de su padre aquella noche que llegó tarde. La excursión con el cole o con la panda a la Cueva del monje, torrecilla de Baza y al Diente y la muela o a bañarse a las balsas echando un par de huevos u ovarios al fango y a la gelidez del verde agua. La muerte del padre o de la madre y el viaje apresurado desde otra región o país al velatorio de quien te dio la vida.

Paisanos, espero que disfrutéis el tiempo que estéis en vuestra tierra de las cervezas frescas y las tapas calientes de los bares y terrazas. De las risas de los chistes y de la sonrisa de los recuerdos. Que nos miremos a los ojos y sepamos reconocernos como hijos de la misma tierra, en armoniosa hermandad antropológica pues encarnada en saludos, apretones de manos, abrazos y besos sinceros. Brindo por vosotros que desde fuera contribuís al buen nombre de Guadix; mientras sigais viniendo, los que aquí vivimos nunca nos sentiremos solos y sí arropados. Agradecemos vuestras visitas y cariño a esta ciudad. Cuando traéis a vuestra familia y amigos de vuestro lugar de residencia aquí, hacéis un Guadix más plural, amalgamado, sabio y alegre.
ignacioferriz@hotmail.com

FUTBOL ES FUTBOL

En nada hay un consenso tan mayoritario a nivel mundial como en la afición al futbol. Pocas cosas hay tan excitantes como un buen partido de balompié. Se demostró en la última copa de Europa de naciones, se pulverizaron records televisivos y mucha gente se echó a la calle para celebrar el título de la zamarra roja.El futbol levanta pasiones porque es una metáfora de la vida en muchos sentidos. Un golpe de suerte o un poste puede separar la victoria y la derrota . No siempre el mejor gana, en muchas ocasiones David vence a Goliat. Tiene como la existencia momentos dulces y amargos. Un equipo defiende el honor de la aldea con la mezcla de estrategia, técnica y esfuerzo. Existen códigos internos como en la familia: el silencio del vestuario, el honor. Hay ritos como los himnos o los corrillos en el centro del campo donde a pulmón lleno los futbolistas corean el nombre de su equipo.

Como en el teatro hay actores protagonistas que son los futbolistas y dentro de ellos un sistema de castas y jerarquías, hasta hace no mucho en la Premier League inglesa había una regla no escrita en la que los debutantes limpiaban las botas de futbol de sus compañeros de vestuario veteranos en señal de respeto. También hay actores secundarios como el entrenador a la par estratega y psicólogo “el futbol es un estado de ánimo”, el arbitro, encargado del “fair play”, figura injustamente tratada por la ira de los exaltados. Los actores de reparto y extras son los que hacen que la ceremonia futbolística tenga el boato de las grandes celebraciones: el masajista, los recogepelotas, el médico, los directivos, cronistas, fotógrafos. El atrezzo se ve completado por la publicidad estática del estadio, las rayas de cal del terreno de juego, los banderines de corner y las mallas de la portería con los fetiches de los guardametas. El público de la grada hace que todo sea una fiesta en la que la pasión es la protagonista y el balón de cuero el tótem.

Nada debe de liberar tanta adrenalina y provocar una sensación instantánea de felicidad mayor que ver la pelota venir hacia ti en un centro potente y con efecto desde la banda, tirarte en plancha y rematar de cabeza a la escuadra haciendo imposible el escorzo del portero mientras la afición ruge.

Los futboleros miramos con espanto la llegada del verano porque un domingo sin futbol es para nosotros como las tinieblas de una noche sin luna, nuestros cuidados paliativos son el tour de Francia y bueno, este año las olimpiadas, ¡ánimo Paquillo! -”you´ll never walk alone” (nunca caminarás solo)-, que rusos, italianos, mejicanos y ecuatorianos no puedan seguir tu estela y muerdan el polvo como el Valencia C.F., subcampeón de Europa, hizo en el municipal de Guadix aquella noche mágica del 3 de Enero de 2001.

Y me quedo conmigo

Mantengo la nobleza,
intactas las ideas,
palo hincado en la arena,
mi pedestal de piedras,
en mi boca el vinagre,
en mi mente los sueños.

Conmigo llevo todo:
puñal y corazón,
y el camino de vuelta
marcado en los talones,
dibujado en la frente,
sé muy bien donde voy.

Y algo sé de la vida:
oasis y desiertos,
carbón y terciopelo,
palacios y destierros,
redenciones e infierno.

Y me quedo conmigo.

Aprendiz y maestro,
vagabundo y señor,
dolorosa conciencia
y gozosa existencia
de la vida que vivo.

 

La dama sin tablero

 

Victoria es una niña
de más de treinta años
sola en el rompeolas.

Victoria es una dama
que tiene la piel blanca
y que baila bien soul.

De jóven se casó
y al despertar del sueño
tenía un lecho desierto
y perdido el timón.

Victoria siempre ríe
cuando por dentro llora
bebiendo el mejor vino
su vida en una noria.

Se deja seducir
para sentirse amada,
sobornando al espejo
engaña a su reloj.

Al final siempre juega
y su juego la atrapa:
ellos buscan su cuerpo
ella ofrece su alma.

Encuentra ya tu brújula
Marilyn era Norma
no existen cenicientas
tu nombre te traiciona.

 

Opositores

Preparar unas oposiciones es como una travesía a solas por el desierto a merced de vientos y lluvia, de sol y cansancio.

Tal vez las oposiciones sean el sistema de elección menos malo para ubicar a las personas en determinados puestos, aunque con absoluta seguridad gente apta se queda por el camino al no poder soportar la presión de una preparación y constancia de tal envergadura, es la soledad del corredor de fondo en una maratón.

Siguiendo con los símiles deportivos, que le van como anillo al dedo a los opositores, creo que el más acertado es el del boxeador que durante un combate a veces siente la tentación de tirar la toalla o que tras besar la lona se levanta espoleado por la adrenalina y el orgullo y sigue luchando para ganar por K.O. (conseguir la plaza) o ganar por puntos (ser interino); lo malo de las oposiciones es que como en la mili el valor se les supone  a todos y entonces hay que echar mano de otras virtudes que nada tienen que ver con la testiculina, como la constancia, el rigor, la calma, la concentración y grandes dosis de rabillos de pasas.

Las anécdotas de los opositores tanto en la preparación como en los exámenes darían para escribir un libro –lo mismo un día decido hacerlo y me forro- tocando temas como aquella práctica tan cañí y tan nuestra de las recomendaciones en enchufes de alto voltaje, las inverosímiles reglas nemotécnicas de memorización, las historias anónimas de tantas personas que apostaron por las oposiciones en una huida hacia delante que duró más de una década o las sonrisas y lágrimas precedidas de nervios el día del examen, de la exposición ante el tribunal – en el argot “encerrona”- o de los resultados.
Y es que esto de las oposiciones es como el examen de selectividad, el del coche, las ecuaciones matemáticas o los reyes godos pero multiplicado por setenta veces siete.

Eso si, quien aprueba ya puede esbozar una amplia sonrisa profidén y sentirse como un gladiador magullado pero triunfante o una espía que cambió el rumbo de la guerra fría de su hipoteca. ¿Tendrían razón nuestros abuelos y padres? cuando decían aquello de “hijo mío hazte funcionario, un sueldecico pá tó la vida”

Suerte para todos los opositores y opositoras, que dios reparta suerte y que gane el mejor o acaso el que más lo necesite, para los que no lo consigan siempre hay otra oportunidad o un cruce de caminos cuya nueva senda puede ser más propicia o venturosa.

Universo Infantil

Los que acaban de nacer, los que aún no están marcados por las convenciones sociales, los que esperan la tradición oral del cuento cada anochecer y que cuando los abrazas, con su boca manchada de leche materna o ya con dos o tres años de papilla de lentejas, te dejan el tatuaje alimentario que en el hombro de tu camisa luces con orgullo.

Los niños son la reserva sentimental e inocente de nuestra  vida, aquellos que nos hacen ver en un espejo limpio como los  mayores ya nunca encontraremos el eslabón perdido que llevaba a la alegría innata, a la espontaneidad o las miguitas de pan comidas por los pájaros que hacen imposible nuestro regreso a la casa del pecho cálido de nuestra madre o las manos seguras y protectoras de nuestro padre.

Cuando son bebés son tan graciosos, con esa desdentada sonrisa que responde a los estímulos de tu tono de voz o a la caricia en su barbilla, con esas prendas inverosímiles por pequeñas y ese ceño fruncido que no sabes si es por los gases o que ya intuyen que la vida no será fácil. Otra experiencia novedosa para un padre es cuando por primera vez cambia el pañal a su hijo bajo la atenta mirada de la madre que supervisa la tarea en tu falta de destreza.

¿Qué sería de este mundo sin las madres? Ellas saben todo, tienen ese sexto sentido para intuir si algo no va bien en el aparato digestivo, circulatorio, respiratorio o en el estado anímico de los nenes, rara vez su diagnóstico es refutado por el pediatra. Es cierto aquello de que las niñas son “padreras” pero siempre es la madre la que está alerta a todas horas… unas cardan la lana y otros se llevan la fama.

Por mi trabajo de docente he tenido la oportunidad de conocer a cientos de madres y debo decir que a menudo me emociono viendo ese lazo filial y animal que existe entre madre e hijo, como la progenitora prepara el territorio para transformar las rampas en pendientes, el vinagre en ungüento, los malos momentos en lecciones y segundas oportunidades para sus hijos a los que parieron y que son una prolongación de sus entrañas y de aquello que llaman alma.

Qué importante es que los hijos crezcan anímicamente sanos, ajenos a las escafandras que los mayores usamos para esquivar nuestros miedos y determinismos; que tengan una socialización sana, sin modismos de tramoya peligrosa; que vivan en atmósferas tolerantes para que sean decididos y auténticos y contribuyan así a un mundo cada vez mejor, más libre.

Malditos sean mil veces los que hacen daño a los niños o los explotan y dignos de pena aquellos que todavía no se han dado cuenta de que ni todo el oro del mundo, ni todas las catedrales y maravillas naturales del planeta son más importantes que la vida y felicidad de los niños, porque nada hay tan bello como observar como un recién nacido sonríe, como más tarde empieza a andar y a hablar y sobretodo a discurrir, ahí empiezas a constatar si estás haciendo bien tu labor de padre, tía, abuelo, de ser humano.

Tengo en casa un cargador de pilas para mi transistor, lo que pasa es que es algo lento,
en cambio las pilas de mi corazón se cargan de manera instantánea y duran 24 horas con el abrazo y el beso simultáneo de mi zagalica, ¿a ti te pasa lo mismo?

Sabores

A estas alturas ya nadie discute que la gastronomía es una forma de cultura que nos acerca a través del paladar a cada país, región, pueblo u hogar. Hagamos un recorrido por algo tan cercano a nosotros como la comida cuando esta es tratada con esmero, cariño y enjundia.

Es de apreciar la cocina tradicional de nuestra zona porque con ingredientes pobres se consiguen suculentas recetas. Las migas de pan es un buen ejemplo de ello, un buen perol de migas en las que el aceite preliminar toma esa dimensión tan peculiar aromatizado por el ajo, acompañaremos éstas con tocineta, sardinas y pimientos de Guadix fritos y las regaremos con este vino de la zona, de Guadix a Darro, de Benalúa a Graena, de Lugros a Ferreira, que, como sus gentes, es rotundo y de una embriaguez que ausculta nuestro interior.

Y ya que hablamos del vino hablemos también del pan para que la comunión culinaria sea completa, el exquisito pan de nuestras tahonas, en mi vida mi familia ha gozado de la atención de dos panaderías (la familia Pérez López y la Artesana) a los que nunca estaré lo suficientemente agradecido por la calidad y el estilo de su pan, y como el sabio que no cambia París por su aldea, sigo cenado tres o cuatro noches por semana bocadillos con este pan y jamón de Charches, Trevélez o Hijate, chorizo Hermanos Pleguezuelos, Fifo o del Valle del Zalabí, salchichón de Gor o salchicha de pimienta de las matanzas.

No podemos olvidar tampoco las gachas y las talbinas. Recuerdo cuando en días de nieve en casa de mi abuela Luisa nos juntábamos la familia para dar cuenta de unas gachas con harina de maíz en su cuenco de barro, ese enorme embalse circular en miniatura con un caliente caldo rojizo tan humilde como agradecido, con pimiento rojo tostado machacado o las talbinas con ese magma de harina hirviendo y con los dados de pan frito y la miel de caña de Motril, en ambos casos el postre es obvio: carbonato… o si acaso anís de Diezma. Ya metidos en harina cabría citar los andrajos también llamados tallarines, jaleo o ropa vieja o la vieja diatriba de sin son la misma cosa o no.

Y esas deliciosas comidas de los días de entre semana como las lentejas con calabaza con una banderilla de encurtidos de prólogo o epílogo. Las habichuelas con chorizo y acelgas dejando para el final la exquisita pulpa del pimiento rojo. El cocido en todas sus formas a la hora de ser servido, por ejemplo sin caldo, aliñado entonces con el oro líquido del olivo, pimienta recién molida y chorreón de vinagre o con su caldico y pringue, no exenta de morcilla, añadiendo además col. El potaje de garbanzos con un buen bacalao comprado donde todos sabemos con huevo duro y acaso espinacas o tal vez mi favorito, el potaje de habas, cuya magia radica en la ausencia de sofrito y la fisión más allá de la fusión de los humildes ingredientes que en su cocción y amalgama de sabores hace que todo sepa pero nada destaque.

El postre de este artículo podría estar compuesto de boniatos en almíbar con canela en rama, carne de membrillo casera con requesón o natillas con bizcochos de soletilla.

Para acabar, algo parecido a un silogismo, si el humor es una forma elevada de amor, las manos de quien guisa para ti ¿qué son?…¿acaso ángeles?…

Fetiches

Todos tenemos objetos, símbolos, recuerdos, a los que otorgamos un especial valor sentimental o mágico ya que nos reportan placer o provocan un particular placebo íntimo, subjetivo, propio, secreto. Cuanto más tiempo hayan pertenecido a nosotros más enjundia suelen otorgárseles.

Uno de los fetiches estrella son las alhajas que pasan de generación a generación, podemos en ellas ver las manos sabias de orfebres, los gustos y modas de otra época aparte de su intrínseco valor en la nobleza de sus materiales; quíen no ha tenido en la mano un reloj de un abuelo y ha percibido sensaciones o los pendientes de una bisabuela e imaginado la época y circunstancias que le tocó vivir.

En ocasiones el fetichismo es una suerte de coleccionismo, reflejado en primeras ediciones de libros, como el Misterio de Guadix de Miguel Pastor o Poeta en Nueva York de Lorca. En llaveros obsoletos y por eso encantadores como el de un botellín de Mirinda en miniatura o el muñeco de Michelín. En mecheros con el slogan de Winston o una turgente y felina dama, ligerica de ropa, cabe las grafías “Talleres Gómez”. En billetes de cine del “Rey pescador” o de “Los diez mandamientos”. En postales de capitales de España como Zamora u Oviedo. En cartas de pretendientes como las de Lisardo o Amparito. En brochas de afeitar como la de pelo de cierva o navajas de Albacete con el sello de autenticidad. En cromos de fútbol de Churruca o Ñito pegados con engrudo. En el inverosímil mobiliario de una casa de muñecas. En fotografías como aquella en blanco y negro en la que se ve a tu abuelo de alférez o a tu abuela en una matanza. En apuntes o calificaciones escolares tuyas y de tus hijos como las firmadas por tus tutores y maestros don Eduardo o don Joaquín. En discos de vinilo de los Cero o la orquesta de Ray Conniff. En comics de “El víbora” o “Mafalda”.

Objetos de cerámica - no cabe fetiche más autóctono-. Tatuajes en el 850 con la leyenda “mi niña” o en la piel como los “legías” de las procesiones “viva la muerte”. Estampas de la virgen como los toreros en ciernes. Coches en miniatura como “el escarabajo” o “la loca”. Dedales comprados en el Vaticano o en la plaza roja moscovita. Camisetas de Metallica o de Benidorm. Insignias de donante de sangre y chapas de “¿nuclear? no gracias”… lo que ha cambiado la cosa. Corbatas con la rojigualda en estrecho bordón o pañuelos de cuello con la tricolor republicana. Pulidos chinos de la playa del Zapillo o Mónsul. Pinzas del cordón umbilical de tu bebé.

Las lupas me parecían objetos mágicos por su capacidad de aumento en las grafías o mapas, porque de niños jugábamos a atrapar el sol en su cristalina esfera, reinventando el fuego sobre palillos de dientes y hojas dobladas de los cuadernos Rubio de caligrafía o directamente concentrando el punto de ignición de la luz solar en nuestra piel hasta gritar ¡ayyy que me quemo! y porque nos encarnábamos en Sherlock Holmes encontrado detalles o huellas que otros no veían -¿alguna duda sobre el porqué del nombre de esta sección?-